miércoles, 20 de septiembre de 2006

La fe de los maestros

Tomada del libro del que hablo en la entrada anterior, he aquí una frase de un discurso de Juan Pablo II a sacerdotes el 1º de marzo de 1984. Me pareció que se podía aplicar a cualquier tema de enseñanza y que es sin duda una cuestión relacionada con la fe de los que enseñan.

Todo lo que enseña la Iglesia sobre la procreación responsable no es más que aquel proyecto originario que el Creador imprimió en la humanidad del hombre y de la mujer que se casan; y que el Redentor vino a restablecer. (...) Estad seguros: cuando vuestra enseñanza es fiel al Magisterio de la Iglesia no enseñáis algo que el hombre y la mujer no puedan entender. También el hombre y la mujer de hoy. Esta enseñanza, efectivamente, que hacéis resonar en sus oídos está ya inscrita en su corazón.

9 comentarios:

tito... dijo...

Qué necesario es explicar y volver a explicar la verdad de la sexualidad. Ojalá todos los pastores conocieran la enseñanza de la Iglesia al respecto. A veces hay ansias de cambiarlo todo, renovando, sin llegar a entender las normas vigentes y lo sano de sus prohibiciones.

Juan Ignacio dijo...

Hoy parecen necesitarse más explicaciones, y eso es bueno, pero los que enseñan deben estar preparados para dar esas explicaciones; y para eso deben reflexionar mucho las enseñanzas de la Iglesia y confiar en ellas.

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

Explicaciones: educación, educación, educación... Siempre me he cuestionado cómo, después del Vaticano II, que se 'modernizó' y humanizó algo más la doctrina, se descuidó el catecismo...

No estoy de acuerdo con Tito con lo de 'prohibiciones'. La Iglesia no prohíbe: sugiere, desde su experiencia y de acuerdo al mensaje cristiano, lo que debe o no hacerse. El resto depende de nosotros.

Juan Ignacio dijo...

¡Qué pregunta te echaste, Ululatus! Se me ocurren algunas cosas pero no creo saber responderla... (me pondría a discurrir acerca de eso de "humanizó algo más").

Con respecto a lo otro: vale distinguir palabras, porque no. Quizás sea lo mismo lo que piensa Tito, sólo que usan palabras distintas.

tito... dijo...

La Iglesia sugiere y también prohíbe. A veces las prohibiciones deberían volverse más efectivas para ser más sugerentes.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Bueno, toda prescripción de algo implica la prohibición de su contrario. A la hora de la catequesis, sin embargo, es mucho más eficaz hablar en positivo. Muchos hemos descubierto un mundo cuando nos percatamos de que detrás de muchos "no harás" estaban sugestivos "serás feliz si haces".

Juan Ignacio dijo...

Interesante aporte.
¡Gracias por comentar!

hna josefina dijo...

¡Totalmente de acuerdo!
Muchas veces creemos que el Evangelio nos impide vivir a pleno, cuando es todo lo contrario: ¿Quién sabe más de algo que su creador?
Menapace hablaba, en algún lado, de que era tonto usar un aparato muy valioso y complicado sin consultar el manual de instrucciones. Y si no... ¡ver si le entregaría mi Mercedes Benz recién comprado a uno que nunca manejó en su vida!¡Sólo porque él se las va a arreglar!...
Y por eso lo que dice Juan Pablo, una vez que uno 'escucha' lo que pide el Evangelio, está seguro de que sólo por ahí va el camino.

Juan Ignacio dijo...

El mismo libro cita una anécdota de Juan Pablo I que es muy similar:

"Los mandamientos son un poco más difíciles, en ciertas ocasiones, muy difíciles de guardar; pero Dios nos lo ha dado no por capricho, no por su interés, sino únicamente por interés nuestro. En cierta ocasión uno fue a comprar un automóvil al concesionario. Este le soltó un discurso: "mire que el auto da buen rendimiento, trátelo bien, ¿sabe? Gasolina "super" en el depósito y para los engranajes, aceite del fino". El otro en cambio: "Oh, no. Para su conocimiento, yo no puedo soportar ni el olor de la gasolina, ni tampoco el aceite; al depósito le echaré champán, que me gusta mucho, y los engranajes los untaré con mermelada". "Plaga lo que quiera, pero después no se queje si termina en un barranco junto con su coche". El Señor ha hecho algo semejante con nosotros; nos ha dado este cuerpo animado por un alma inteligente, una buena voluntad. Ha dicho: "esta máquina vale, pero trátala bien..." (Juan Pablo I, Alocución, 7.IX.78).