jueves, 10 de marzo de 2005

Sigo escarbando

En el primer post de ayer acusé a un libro (a un libro no se lo acusa, en todo caso a su autor, Jorge Saborido en este caso), de “acomodar” la historia. Quizás fui duro (imprudencias juveniles de bloguero), pero sólo en cuanto al juicio de intención del autor, porque lo cierto es que la contradicción criticada está presente. Diré más, de separación entre Iglesia y Estado no puedo discutir, pero creo que hay un abismo entre separación Iglesia y Estado y un gobierno sin principios religiosos.

Comentaré algo “a favor” del libro. Y es que adelantándome por el índice encontré cosas relacionadas con el segundo post de ayer. “Los problemas actuales de la Democracia, (...) b. La tiranía de las mayorías”. El autor concuerda con esa posibilidad de que la “tiranía” aparezca en una democracia. Veamos:

“Como se desprende de lo dicho hasta aquí, la democracia es, fundamental aunque no exclusivamente, un procedimiento para tomar decisiones colectivas. El mismo actúa a través del voto de los ciudadanos o de sus representantes elegidos por sufragio universal. Finalmente, la decisión adoptada es la votada por la mayoría de los ciudadanos o de representantes de la ciudadanía; es decir por aquellos partidos que tienen más sufragios. Tal procedimiento tiende a dejarse llevar por
la llamada "tiranía de la mayoría", una tiranía, de algún modo inevitable, pero no carente de peligros. Entre ellos cabe destacar dos: 1) el derecho de las minorías a expresarse y a ser tenidas en cuenta se ve seriamente disminuido cuando las mayorías son las que siempre se imponen; 2) la mayoría no siempre está en posesión de la verdad; puede equivocarse. El ejemplo muchas veces citado es el de que Hitler llegó al poder como resultado de elecciones democráticas. La democracia puede volverse contra sí misma y quedar anulada como consecuencia de una decisión electoral. Este es un problema extremadamente difícil de resolver: ¿cómo se evita un resultado antidemocrático cuando todo parece indicar que la mayoría quiere ese resultado? La respuesta reside en que la democracia no es únicamente un procedimiento de elección de representantes; requiere de hecho el uso de valores cuyo olvido produce el deterioro de todo el sistema. (...)”


Bastante bien, ¿no? (Aunque ejemplifica con un caso de elección del gobernante que da para discutir, y no con "leyes inmorales" como hablaba Juan Pablo II).

El problema aparece cuando empezamos a ver cuales serían esos “valores cuyo olvido produce el deterioro de todo el sistema”. ¿No cree el autor que con el supuesto beneficio del alejamiento de la religión de los gobiernos terrenales se nos esfumaron muchas chances de encontrar buenos y verdaderos valores?

1 comentario:

José Luis dijo...

Estas últimas tres entradas tuyas son muy importantes, según mi opinión.
Estoy cansado de los que endiosan la democracia como si no tuviera defectos y olvidan que no hay ningún sistema político bueno o malo por sí mismo.
La cita de Juan Pablo II es clarísima.
Valiente post.