miércoles, 6 de abril de 2005

¿De qué índole serán los cambios?

¿Qué es lo que está en discusión? ¿Qué es lo que puede cambiar si a Juan Pablo II lo sucede lo que algunos llaman "un Papa progresista"?

Veamos. Entiendo que los siguientes no son dogmas de fe y que no aparecen en algún artículo del Credo: el sacerdocio femenino y el celibato sacerdotal. Me gusta mucho como son las cosas ahora. Aunque tengo entendido que esas cosas son, digámoslo así, "discutibles". Discutibles sin faltar a la fe o blasfemar o, ¿se entiende?

No hace falta que aclare que no estoy a una altura tal que me permita dar una opinión valedera. Ni siquiera sé si fue lógico el razonamiento que hice. No sé si la categoría de dogma o de "artículo del Credo" bastan para que algo sea "indiscutible" (aunque creo que sí). Pero de todos modos, no sé si el hecho de no ser dogma de fe o el de "no ser artículo del Credo" hacen a una cosa inmediatamente discutible. O sea, sin ser un dogma ni un artículo del Credo, algo puede ser indiscutible también.

Es así que leí a
Fray Nelson, que está "en la pomada". Dentro de los temas "que pueden cambiar" menciona al sacerdocio femenino, al celibato sacerdotal, pero menciona también algo acerca de la homosexualidad. De nuevo yo, que mucho no sé, les digo que creo haber dado con uno de esos temas que, sin ser dogma de fe ni artículo del Credo, estimo que está "fuera de discusión". La homosexualidad como pecado.

Por supuesto, los condicionantes y la libertad de la persona a la hora de elegir no las podemos juzgar, pero sí podemos estimar, como reglas generales, por estudio y experiencia, qué es lo mejor y lo peor, a la hora de elegir.

Alrededor de lo que podría ser un pecado de homosexualidad hay varias otras cosas. La condena del pecado y no del pecador, la forma de tratar al pecador, las leyes que tengamos como sociedad y los involucren de alguna manera especial, y más. Hagamos un razonamiento. Es malo ejercer la homosexualidad. Y decir esto no es emitir un juicio de valor sobre la persona de un homosexual, ni es de por sí dejar de amarlo (puede ser precisamente todo lo contrario, que es ayudarlo).

Es por eso que creo, o quiero creer, que cuando se dice que el tema de la homosexualidad podría cambiar, y estaría aceptado, se refiere a que las distintas corrientes dentro del pensamiento de la Iglesia tienen formas alternativas de encarar esas cuestiones que rodean a la homosexualidad. O sea, algunos tendrán diferente postura que otros acerca de leyes, acerca de la forma de relacionarse con los no creyentes para hablar de homosexualidad, etc. Incluso si saco a luz otro de los temas que rodean a la homosexualidad veré que puede haber más cosas discutibles. Es una cosa que recuerdo ahora. Si la homosexualidad es una enfermedad psicológica, distintos serían los casos de aquellos que tienen el problema, pero virtuosamente resisten ("no ejercen"), que los de aquellos otros que se dejan llevar, sin aceptar su problema. Pero poco entiendo de esto.

Todo esas cuestiones serían discutibles, pero no estaría "en discusión", quiero creer, la homosexualidad como algo que es pecaminoso o dañino para el hombre y su plenitud. Desde tiempos remotos que se sabe esto, ¿cuál es el pasaje de las escrituras en que se condena la sodomia?

Bueno, fue un ejemplo. Queriendo saber más acerca de las cosas que podrían cambiar, encontré este
artículo de "La Nación", sección Enfoques, domingo 3 de abril pasado. Ahí Mariano de Vedia entrevista a José María Poirier-Lalanne. Me entero que este último es el director de la revista Criterio, "publicación de orientación católica y liberal" según dicen.

El entrevistado dice que debido a la "mirada conservadora" de Juan Pablo II quedaron muchos temas en el tintero, como los referentes "a la teología moral, a la colegialidad episcopal" y "al lugar de la mujer en la Iglesia". Y el artículo sigue, aunque no me da muchas precisiones acerca de esos temas.

Desubicado me parece que se publique una entrevista (la misma) al día siguiente de la muerte de Juan Pablo II, en dónde una respuesta del entrevistado es: "hubiera sido muy oportuna la discusión sobre la renuncia del Papa, pero era difícil pensarla en la personalidad de Wojtyla, un hombre acostumbrado a luchar hasta las últimas consecuencias". ¡Epa, es además confusa esta respuesta! ¿No se supone que es bueno luchar hasta las últimas consecuencias? Está mal justificado.

Pero mi cabeza trabaja a mil. ¿Colegialidad? ¿Algo parecido a esos periodistas que no saben nada y hablan de gobierno democrático en la Iglesia? No, supongo que no. Pero, ¿esa Colegialidad permitiría "discutir" cosas como la renuncia del Papa? Renuncia del Papa... Renuncia puede ser negación de cosas perpetuas. Y entonces, ¿estará este señor Poirier también por la "minimización o abolición de los requisitos para las declaraciones de nulidad de matrimonio"? Es otra de las cuestiones posibles que nos plantea
Fray Nelson, algo que también tiene esa "onda" de negar lo perpetuo.

Si es así, pues tanto no me gusta este "progresismo" que puede venir. Creo en lo perpetuo. Recuerden cuando Jesús hablaba a unos fariseos en
Mateo 19, 3 y siguientes. Hablando de la ley "permisiva" de Moises que permitía el divorcio: "Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así". Al principio no fue así. ¡Qué bien explicaba esto Juan Pablo II!

Y Jesús nos manda a que sea como en el principio: "¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre".

Me da la idea que bajo el justificativo de nuestra debil "humanidad" y enrolados en un "progresismo" que cree ser consciente de "lo que el hombre es", podemos atentar contra lo perpetuo, sin saber que lograremos lo perpetuo por la gracia de Dios, que "supera nuestra humanidad" y hace de nosotros "lo que el hombre verdaderamente es".
Y así quedó este post medio desordenado, se me cierran los ojos...

3 comentarios:

Sangre Azul dijo...

Personalmente, me parecen repugnantes los debates políticos sobre el nuevo Papa. Yo sigo confiando en el Espíritu Santo y en la buena voluntad y hasta en la santidad de los cardenales.
Con respecto a lo del sacerdocio femenino, creo que es algo que no se puede instituir, es decir no sería válido aunque se hiciera. De todos modos agradecería certezas al respecto.
Saludos.

Sangre Azul dijo...

Acá encontré algo bastante completo http://apologetica.org/ordenacion_mujeres.htm

Juan Ignacio dijo...

Es muy buena información. Yo había escuchado la primera razón (las más importante) en los diálogos de Martini y Eco (libro "¿En qué creen lso que no creen?").

Martini explicaba lo que había hecho Jesucristo y decía como no era por cuestiones de costumbres de la época.

Lo decía de una forma muy interesante. El decía que la Iglesia no se cree capaz de entender todo el misterio, y si Jesús los dispuso así, entiende que no lo puede modificar sin razones válidas. Mucha humildad por cierto. Toda una actitud de sabiduría, reconocer no conocer.

Estas actitudes hoy en día no son consideradas sabiduría, ¡y qué mal que hacemos!

Veré si agrego un post. Saludos.