miércoles, 13 de abril de 2005

Retrógrado

Sépase usted lector que si sigue leerá el final de "Claves de Adán Buenosayres", de "Cuaderno de Navegación", Leopoldo Marechal, 1975.
Y se dirá usted ahora: ¿cómo es posible que Marechal, un hombre contemporáneo, se haya metido en tan viejas líneas? La razón es muy simple: yo soy un "retrógrado", no en el sentido habitual e insultante de la palabra, sino en la significación "mejorativa" que voy a exponerle. El conocimiento de las leyes cíclicas que gobiernan el desarrollo de "una hu­manidad" me ha hecho saber que, a partir de su origen, esa humanidad inicia un movimien­to "descendente" a través de las cuatro edades del hombre que figuran en toda tradición auténtica. Ese descenso acelerado se traduce por una "oscuridad" creciente, a medida que se aleja el hombre de la luz primordial manifestada en el centro de su origen. Ahora estamos en la última de las edades, la de Hierro, que ya deploró Hesíodo en su época (Los Trabajos y los Días, libro I). Ahora bien, siendo yo "un hombre de hierro", y tras de realizar, como lo hice, las posibilidades cada vez más oscuras del siglo, mi alma en expe­riencia vino "descartándolas" gradualmente, hasta cruzarse de brazos en la correntada que seguía y sigue descendiendo hacia su fin. Naturalmente, como la inmovilidad es impo­sible a toda criatura forzada por la "condición temporal" y sometida, por ende, al movimien­to, sólo me quedaban dos recursos: o morir (abandonar la corriente del siglo en un gesto suicida), o nadar contra la corriente, vale decir, iniciar un "retroceso" en relación con la marcha del río. Para lograrlo es indispensable oponer una fuerza de "reacción" a la fuerza descendente que nos arrastra, tal como lo están haciendo, en el campo de la física, los productores de cohetes y de aviones a retro­propulsión. Y es que hay "analogía" entre las leyes del mundo físico, del mundo psíquico y del mundo espiritual. En mi Poética (Heptamerón III) adelanté ya ese operativo en los versos que siguen: "El surubí le dijo al camalote: / no me dejo llevar por la inercia del agua. / Yo remonto el furor de la corriente / para encontrar la infancia de mi río." En tal manejo de fuerzas estoy ahora: soy un retró­grado, pero no un "oscurantista", ya que voy, precisamente, de la oscuridad hacia la luz.

3 comentarios:

XavMP dijo...

"Para lograrlo es indispensable oponer una fuerza de "reacción" a la fuerza descendente que nos arrastra,..."

Y además... ¡reaccionario!

Sangre Azul dijo...

Lo de "infancia de mi río", me hace acordar a esto:

Si lo verde tuviera otro nombre,
deberia llamarse rocío.
Si pudiera crecer, desde el agua al laurel
volvería a la infancia del río

de la "Zamba del laurel" del Cuchi Leguizamón, muy linda por cierto.
¿Se editan actualmente libros de Marechal? Hace rato que le tengo ganas.

Juan Ignacio dijo...

No se si se editan, pero se encuentran en todos lados. Aunque algo se edita. Mi hermano me regaló una edición de "Antígona Vélez" de Colihue publicada en el 2004.